No es fácil pedir disculpas. José Alperovich lo hizo. La duda es si actuó como los manuales de los buenos modales lo indican cuando se reconoce un error o si, simplemente, buscó descomprimir un conflicto que se abría entre su Gobierno y la Universidad Nacional de Tucumán. Si realmente estuvo convencido de que se obró mal, en el Instituto de Provincial de Lucha el Alcoholismo (IPLA) van a tener que replantearse cuestiones y procederes a la hora de efectuar operativos.
En el organismo que conduce Clara Ester Tapia están convencidos de que se hicieron las cosas bien: que actuaron porque el secretario de Bienestar Universitario de Psicología, Sergio Benegas, llamó desde esa unidad académica, por el exceso de alcohol. En el IPLA insisten en que su proceder con los estudiantes fue correcto; y desafían a que su verdad sea puesta a prueba, con el argumento de que cuentan con filmaciones que les dan la razón. Entonces, ¿por qué pidió disculpas el gobernador?
Una vez más queda claro que la Ley de 4AM -que el Gobierno inventó para, primero, pasar rápidamente la desaparición de Paulina Lebbos y, luego, el descubrimiento del cuerpo sin vida de la joven estudiante- es un manotón de ahogado, sin reflexión.
El Ministerio de Seguridad y los estudiantes de Psicología dieron un ejemplo de civilidad, al sentarse a dialogar. Ese esfuerzo, que no debería ser algo especial, sino una costumbre, podría abrir un debate para evaluar y para revisar si tiene sentido esta ley que principalmente ha trasladado el lugar de encuentro de los jóvenes tucumanos y no ha calmado una cuestión social.
No fue lo único que cambió la inexplicable e irresuelta muerte de Paulina. Con ella desaparecieron los remises y nació el Sutrappa, un sistema apto para que algunos políticos hagan negocios con los taxis, para que otros se corrompan y para que los concejales -en malón- aprueben excepciones a las reglas de funcionamiento, con el objetivo de quedar bien.
El dedo en el enchufe
Esa costumbre que han adoptado los ediles generalmente trae beneficio para unos pocos y se convierte en una fuente de sospechas y de problemas para otros. Ese fue uno de los puntos de partida para la construcción de la planta transformadora de energía que se estaba haciendo en Ayacucho al 200. Después de que se contradijeran todas las partes que intervinieron en esa construcción que buscaba aumentar la producción energética, gritaron: "paren la obra".
Si todo estaba en orden, como dijeron en el Gobierno provincial, ¿por qué cedieron a la queja de unos 50 vecinos? Las explicaciones en la Legislatura, en la Casa de Gobierno y ante la prensa fueron que todo era un problema de comunicación. Sin embargo aparecieron convocatorias a audiencias equivocadas; actas cuyas firmas sembraron dudas; se marcó que el interventor del ente contralor (Ersept), Sergio Sánchez, participó en el proyecto de la obra, en su aprobación y, ahora, en su control. El gobernador también llegó a decir que la obra no era algo que le competía al Poder Ejecutivo. Sin embargo, los primeros en dar la cara fueron el ministro de la Producción, Jorge Feijóo, y Sánchez. Ni hablar de que todo se inició con un trámite de autorización del Concejo Deliberante, sobre una excepción al Código de Planeamiento (otra más). Obviamente, que en este caso el intendente de la capital, Domingo Amaya, tampoco puso el grito en el cielo, como cuando aparecen algunas cuestiones polémicas.
Esta obra preocupó más al Gobierno y movilizó a más funcionarios que la enredada madeja de la Dirección de Arquitectura y Urbanismo (DAU). Los vecinos sospechan de que la suspensión hasta noviembre de la obra paralizará la acción legal que plantearon y que, por lo tanto, tras este lapso ya no habrá cuestiones legales que impidan reanudar el emprendimiento.
Belgrano, Boudou y Tinelli
La semana que se fue podría haber sido la de Manuel Belgrano. Habían pasado 200 años desde que este abogado luchó para sacarse de encima a los españoles. Sin embargo, las rencillas internas impidieron actos conjuntos y únicos para el general de la Batalla de Tucumán. La desesperación por quedar bien con el Gobierno nacional hizo que uno de los actos centrales se realizara en la casa del gobernador, donde el justificativo principal no fue Belgrano, sino el risueño invitado: Amado Boudou.
Pero definitivamente terminó siendo la semana de Harvard. De nuevo la pelea K vs. anti-K ocupa el centro de la escena. El kirchnerismo vio a Cristina nerviosa, incómoda y trató de descalificar a los alumnos de Harvard. Aun en el caso de que estos jóvenes fueran unos imberbes incapaces de pensar o de que fueran robotitos a control de remoto de la cultura liberal, la Presidenta debió estar a la altura de las circunstancias para defender su verdad sin enojos. Seguramente los estudiantes se prepararon para el encuentro, y hasta es posible que los hayan preparado. Pero, ¿por qué Cristina no podría haber hecho lo mismo?
Uno de los graves problemas que están teniendo las principales figuras del poder es la falta de equipos que los ayuden a pensar y a actuar. La Presidenta no debería haberse puesto nerviosa por preguntas -sin repreguntas- que no decían otra cosa que lo que dice la prensa, de cualquier color. Y el que se enoja pierde.
Por eso Harvard le quitó protagonismo al más mediático de los mediáticos. Marcelo Tinelli perdió varios puntos después de ningunear a Belgrano en su programa, cuando ignoró al prócer que le obligaba a tener un feriado más en la semana. El historiador Luis Yanicelli bailó por el sueño de una disculpa que aún está esperando.
¿Quién soy yo?
Beatriz Rojkés de Alperovich la sacó más barata que Cristina, cuando el funcionario de Alperovich en el Gobierno de Daniel Toledo, en Yerba Buena, llevó a la primera dama a dialogar con alumnos en la ciudad al pie del cerro. Un profesor de Biología interrumpió su clase y la senadora más poderosa del país empezó a dialogar con estudiantes primarios de la Jornadas Científicas, Culturales y Deportivas de Yerba Buena. Mientras ella preguntaba: "chicos, ¿ustedes saben quién soy yo?" -no todos supieron la respuesta-, y les explicaba que la Presidenta estaba en Nueva York, José Hugo Saab asentía la moderna clase de cívica. Después recorrieron el stand; y los problemas llegaron cuando, tras la visita, se fueron a tomar un café y la principal candidata a gobernadora del alperovichismo fue escrachada. Las intolerancias y los vamos por todo a veces siembran "intolerancias y vamos por todo" en otros sectores; y en vez de sumar, dividen a una sociedad que de fracturas y padecimientos sabe mucho.
Obsecuencias
A los legisladores el primer día hábil de la semana se les apareció la Virgen. Ante ella sesionaron y tal vez haya sido una de las pocas actividades de la Cámara que se hicieron sin la orden de Alperovich. Es que el paso del tiempo ha empezado a horadar ese sistema de funcionamiento. "Estoy harto de lo sirvientes" tronó la voz de Gerónimo Vargas Aignasse, que supo ser un obsecuente K y que ahora, al perder el calor del poder, empezó a darse cuenta de las fallas de las obediencias debidas. Cuando dijo eso participaba de una reunión de la Comisión de Seguridad en la que se preguntaban si el proyecto tenía o no la venia de "Toño" (el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la provincia, Antonio Estofán) y de José. Después, Vargas Aignasse llegó a decir: "no se entiende, les dan a los perdedores para que movilicen a la gente para el acto de Boudou y a mí no me dieron ni un colectivo". Cuando los políticos se enojan pierden; y esta vez quedaron al desnudo las prácticas que suelen tener actos oficialistas y que se niegan, aduciendo que suelen ser inventos o elucubraciones.
Camino desmalezado
Alperovich y su pedido de disculpas -sinceras o sólo necesarias- fueron un activo de la semana. Las autoridades del IPLA y los estudiantes de Psicología desmalezaron un camino que hace tiempo no se transita: el del diálogo. Tal vez los jóvenes estén señalando lo que los adultos que administran poder no pueden ver.